Según el Dr. Nils Bergman, pediatra especialista en neurociencia perinatal, hay cuatro tipos diferentes de mamíferos, según su tipo de lactancia:

 

– DE MADRIGUERA

 (conejos….) Son maduros al nacer. Las madres ocultan a sus crías en un lugar seguro y vuelven con ellas cada 12 horas. Las crías se alimentan de forma poco frecuente y la leche de estos mamíferos es rica en proteínas y grasa para mantenerlas saciadas durante mucho tiempo.

 

– DE SEGUIMIENTO

 (jirafas, vacas…) Las crías son maduras al nacer y son capaces de seguir a sus madres allá donde vayan. Como pueden estar cerca de sus madres todo el día, la leche de estos mamíferos tiene menos grasa y proteínas que la de los mamíferos de madriguera porque maman con mucha frecuencia.

 

– DE NIDO

(perros, gatos…) Son más inmaduros cuando nacen que los anteriores. Necesitan el nido para mantenerse calientes y permanecer junto al resto de crías de la camada. La madre vuelve al nido muy a menudo. La leche de estos mamíferos es menos rica en grasas y proteínas que la de los  de madriguera, pero más que la de los  de seguimiento porque maman con bastante frecuencia pero menos que los de seguimiento.

– PORTEADORES

(primates, marsupiales …) Son los más inmaduros al nacer, necesitan el calor del cuerpo de sus madres y ser porteados constantemente. La leche de estos mamíferos tiene menos niveles de proteínas y grasa y son amamantados constantemente.

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Los humanos somos mamíferos porteadores. La leche humana es la de menor contenido graso y proteico de todos los mamíferos. Eso, y nuestra inmadurez al nacer, hace que nuestros bebés necesiten mamar muy a menudo y estén diseñados para que les llevemos en brazos.

 

Dejar de ser cuadrúpedos y pasar a ser bípedos fue un enorme salto evolutivo de nuestra especie, pero pagamos un precio por ello: una modificación de la cadera que impide el paso de unos bebés desarrollados.

Otra gran característica de nuestra especie es el tamaño de nuestro cerebro, que requiere un cráneo a su medida.

Como las cabezas de unos bebés maduros no pueden pasar por el canal de parto, debido al tamaño y la estrechez de nuestra cadera, la naturaleza lo solucionó haciendo que nuestras crías nazcan antes de ser maduras. Con menos del  50% del crecimiento del cerebro, la cabeza es más pequeña y facilita el parto. Teniendo en cuenta que el resto de mamíferos suele nacer con el 80% del crecimiento del cerebro, es fácil entender que nuestras crías son las más vulnerables, teniendo que terminar el desarrollo cerebral fuera del útero.

 

Si sabemos que nuestras crías deben continuar la gestación fuera del útero, si les vemos tan frágiles como les sentimos durante el embarazo, si tomamos conciencia de que somos mamíferos porteadores, la crianza y la lactancia, durante los  primeros meses, deja de parecernos extraña, absorbente y dependiente para convertirse en un acto normal, natural y necesario, desterrando la mayor parte de las dudas, miedos y culpas.

“Si viéramos a nuestros bebés tan vulnerables y dependientes fuera del útero como lo son dentro, no nos sorprendería tanto que nuestros bebés necesiten el mismo cuidado constante que tenían dentro del útero” – Lisa Hassan Scott, Liga de la Lecha, Gales, UK.

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