A menudo oímos amenazas sobre qué debemos o que no debemos comer mientras damos el pecho.

Las prohibiciones van desde refrescos que pasan el gas al bebé (¡alucinante!), a espárragos que ponen mala la leche.

Hay quién afirma que sí hay alimentos que alteran levemente el sabor de la leche, pero en cualquier caso eso no sería nada negativo, al contrario: los niños que han tomado leche materna (y la madre ha tenido una dieta variada) se adaptan mucho mejor a la alimentación complementaria porque reconocen los sabores.

En cuanto a lo que sí debemos comer, los mitos (¿cultura popular?) acerca de alimentos que aumentan la producción de leche son de lo más variado. Pero ninguno de ellos, absolutamente ninguno, tiene una evidencia científica que lo respalde.

¿Qué comen las vacas? pues su alimento natural, den leche o no la den. No toman levadura de cerveza ni infusiones de anís. Tampoco beben leche.  Seguro que si hubiera algún alimento galactogogo, a los ganaderos les faltaría el tiempo para dárselo a sus vacas.

tomatitos

Las modificaciones en la composición de la leche materna son extremadamente leves según la ingesta materna y estas modificaciones no menoscaban su calidad. La producción de la leche es prioridad absoluta para la naturaleza (supervivencia de la especie), y mantendrá esta calidad a costa de la salud de la madre si es necesario; es decir, que si la alimentación de la madre es muy muy muy, pero que muy mala, se tirará de las reservas de ésta para mantener la calidad. Por ejemplo, si la dieta de la madre es pobre en hierro, no será la leche la que pierda el hierro, sino que para su producción, se utilizará el de la madre.

Casi se podría decir que la calidad de la leche materna se mantiene más allá de la alimentación de la madre. (Sólo pongo el “casi” porque hay casos de desnutrición extrema en los que sí se ve afectada. En estos casos no se contraindica la lactancia materna, sino que se nutre a la madre).

Por tanto, ¿qué debe comer una mujer que dé el pecho? pues no es necesaria ninguna dieta especial. Basta con comer saludablemente, y no menos de 1.800 calorías/día.

 

Hay un artículo especial del comité de lactancia materna de la AEP al respecto. Un resumen de este artículo sería:

Las variaciones de la dieta de la madre pueden cambiar el perfil de los ácidos grasos y algunos micronutrientes, pero no se relacionan con la cantidad de leche ni con su calidad. La leche de toda madre, a pesar de que ésta presente una malnutrición, posee un excelente valor nutricional e inmunológico, y se producirá en cantidad y calidad adecuadas.
El cuerpo de la madre siempre prioriza las necesidades del bebé y, por ello, la mayoría de los nutrientes se siguen excretando en la leche en un nivel adecuado y estable, a expensas de los depósitos maternos.
Existe evidencia de que la composición de la leche se modifica a lo largo del tiempo según las necesidades cambiantes del niño.
Las mujeres que no obtienen suficientes nutrientes a través de su alimentación pueden estar en riesgo de deficiencia de algunos minerales y vitaminas. Estas deficiencias se pueden evitar si la madre mejora su dieta o toma suplementos nutricionales.”

http://www.analesdepediatria.org/es/la-importancia-nutricion-materna-durante/avance/S1695403315003057/

Si queréis bibliografía, os recomiendo “Mamá come sano”, de Julio Basulto.

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